MarcosFGsemeyes

@marcosfgsemeyes

marcosfgsemeyes@gmail.com

Nazco en Oviedo en 1967 y aunque siempre me recuerdo con una cámara de fotos en mi mano, no es hasta el bachillerato en el Colegio Auseva donde descubro el laboratorio de blanco y negro y empiezo a interesarme por la imagen como medio de expresión. 

Dada mi pasión por los viajes, lo que se inicio como fotos de turista fue poco a poco y de manera autodidacta convirtiéndose en fotografía urbana. En este proceso entré a formar parte del grupo Ágora de Oviedo, donde he presentado reportajes fotográficos realizados en muy diversas ciudades (Belfast, Londres, París, Berlín, Barcelona, Venecia, Roma, Estambul, Marrakech…). 

Presenté mi primera exposición individual de fotografía urbana, «colores en la ciudad» en 2012 y posteriormente participé en varias exposiciones colectivas y concursos, con un tercer premio en la exposición de GAP Asturias en 2019. 2024 fue mi año más prolífico, con un accésit en el I certamen mini formato de la Galería Acuña, la invitación para participar en la I bienal de San Claudio, la participación en la noche blanca de Luanco y la exposición «lo que no queremos oír» en la Galería Dos Ajolotes de Oviedo con motivo de la noche blanca de Oviedo.

STATEMENT

Mis fotografías combinan la pasión por los viajes, básicamente centrados en las ciudades, la arquitectura y el arte, con una perspectiva que refleja mi formación como psicólogo social, mostrando la ciudad como el resultado de la actuación humana sobre el entorno, intentando mostrar espacios vividos pero desprovistos de la propia presencia humana o siendo esta puramente testimonial.

REFERENTES

A la hora de hacer mis fotografías busco referencias a fotógrafos clásicos, siendo mi más claro referente Eugène Atget, quien estableció un método de trabajo que le llevó a recorrer la ciudad abandonando toda intención de opinar, sólo mostrando las cosas como son. De Atget entendí el lenguaje propio de la fotografía, evitando hacer «imágenes bonitas» y  situando la cámara sin artificios ni complicaciones para dejar que el resultado hable por sí mismo. Las imágenes de Atget son simples y directas y dejan imaginar historias, algo va a pasar o ha pasado, pero nunca lo sabes, y yo intento seguir ese camino con una visión dura, frontal y a la vez evocadora. Más recientemente encontré también influencias de la obra de Thomas Struth, miembro de la Escuela de Düsseldorf, que explora la relación entre las personas y sus entornos, capturando la complejidad de la vida moderna.

¿POR QUE 12 FOTOGRAFIAS POR SERIE?

En mi más reciente producción fotográfica cada serie está compuesta por 12 fotografías. Este número nace del carrete estándar de formato 120 utilizado por la Hasselblad 500C como un marco conceptual que estructura mi trabajo. No se trata de una regla técnica ni de una limitación material estricta; no implica que todas las imágenes procedan de un único carrete. Más bien, adopto esas 12 exposiciones como una unidad simbólica de medida, un contenedor narrativo que define el ritmo y la extensión de cada serie, un modo de ordenar la mirada y acotar el discurso visual.

El límite de doce funciona como una pauta creativa que me obliga a pensar en secuencias cerradas, a construir relatos visuales que caben en ese espacio acotado. Doce imágenes son suficientes para desplegar un tema con amplitud y, al mismo tiempo, lo bastante pocas para exigir precisión, intención y síntesis. Esta restricción autoimpuesta me ayuda a evitar la acumulación, a resistir la tentación de lo redundante y a centrarme en lo esencial. Cada fotografía debe justificar su presencia, aportar algo al conjunto y dialogar con las demás.

Elegir este número es también una forma de mantener un vínculo con la materialidad de la fotografía analógica, con su tempo y su disciplina, incluso cuando el proceso no depende literalmente de un único carrete. Me interesa esa relación entre lo técnico y lo conceptual, cómo un estándar industrial pensado para la práctica cotidiana del medio puede transformarse en una estructura poética que organiza el pensamiento visual. Cada serie se concibe así como un “rollo conceptual”: un ciclo completo, autónomo y coherente, donde el límite no constriñe, sino que da forma.

En definitiva, las 12 fotografías no son solo una cantidad, son un marco, un ritmo, una respiración. Un modo de trabajar que me permite sostener una continuidad entre la tradición analógica y mi práctica contemporánea, y que convierte cada serie en un territorio preciso, contenido y deliberado.